Ni este periódico, ni esta sociedad afrontan las noticias y la realidad de la misma manera ahora que hace 40 años. Contexto, canales de comunicación y circunstancias han cambiado. Si bien algunas demandas y necesidades de esta provincia parecen haberse congelado en el tiempo y pareciera que esperan en el banco del olvido político, ese en el que se sientan quienes gobiernan.
La fortaleza que ha ganado el diario INFORMACIÓN es fruto del trabajo de muchas personas, a las que hoy reconocemos su aportación; pues, se ha materializado con profesionalidad y analizando en cada momento las necesidades del lector.

Tanto el grupo Prensa Ibérica como la patronal de la Comunidad Valenciana CEV, hemos asistido al paso de innumerables hechos que, en la actualidad, nos obligan a centrarnos en el presente y el futuro. El precio de los errores se paga y las mieles de los aciertos se comparten o así entiendo que debería ser. Hoy compartimos el feliz momento del 40 aniversario del grupo Prensa Ibérica y es que, en la mirada hacia el pasado, creo que es sano e inteligente extraer conclusiones ligadas al aprendizaje y a la reflexión.

En plena revolución de canales informativos, el grupo ha asumido el reto de modernizar su manera de presentar y contar lo que sucede a nuestro alrededor. Este hecho me sirve, sin duda alguna, de claro paralelismo con lo que desde CEV Alicante entendemos que es un proyecto empresarial de futuro.

"Es indispensable que, en nuestro mapa de fortalezas y debilidades como provincia, seamos capaces de fijar una senda común"

¿Por qué un modelo autonómico, en el que los empresarios de Castellón, Valencia y Alicante vamos de la mano, es incompatible con defender y reivindicar los intereses legítimos de esta provincia?
Sinceramente, considero que tenemos ante nosotros suficientes retos en el corto y medio plazo como para empezar a trabajar con el máximo de los apoyos posibles. Para empezar, se ha demostrado que es más fácil crecer en la buena dirección si se cuenta con objetivos. La planificación es una herramienta clave que puede apoyarse en planes estratégicos, pero que precisa de objetivos realistas.

El mercado, y no sólo la crisis, ha marcado una agenda económica y social muy diferente a la de hace 40 años y, desde el empresariado, debemos ser más activos en la consecución de logros comunes. La provincia de Alicante ha mostrado síntomas de desaceleración, como el resto de España, y es urgente que empecemos a definir proyectos realistas.
Es indispensable que, en nuestro mapa de fortalezas y debilidades como provincia, seamos capaces de fijar una senda común que se distancie de la literatura de los planes y acote las acciones. En este sentido, creo que debemos fijar varios objetivos.

El primero y principal es la modernización de nuestras infraestructuras. No hablo de los trenes decimonónicos que unen Alicante con Elche u Orihuela, que también, sino de fibra óptica y red de telecomunicaciones. Un buen soporte, tanto en las zonas industriales como en todos los municipios, es la base por la que se puede empezar a tejer la digitalización. Empresas tecnológicas capaces de hacerlo, tenemos. El aterrizaje de los anuncios administrativos debe ir parejo a que ideas como el Distrito Digital o Elche Campus Tecnológico crezcan en un ambiente de cooperación público-privada.

La modernización va, además, ligada a la diversificación. Alicante ya cuenta con un magnífico punto de salida, porque tan tecnológicas son estas propuestas como Benidorm y su realidad como destino turístico inteligente. Este ejemplo es exportable a otros municipios de nuestra provincia, donde debería replicarse. Sin complejos y de manera decidida.
Una postura que también podemos extrapolar a los procesos de automatización en sectores de referencia como el agroalimentario en la Vega Baja y el del plástico en la Foia de Castalla. El futuro pasa por articular estas oportunidades, pues de ellas derivan empleos y empresas fuertes.

Iniciada la transformación es incuestionable que el esfuerzo precisa de escenarios de desarrollo estables. Fijemos normas y también sepamos interpretarlas para que las reglas del juego naden a favor de la competitividad.

Quien ha sabido definirse ha sabido crecer. Ha pasado en los territorios y en las empresas. En ese camino, las administraciones –locales y autonómica- tienen mucho que consensuar y de manera, urgente. Los aspectos estratégicos deben pervivir a las personas. Construir modelos requiere tiempo y ello, no es incompatible con la agilidad y flexibilidad en la toma de decisiones. Las contradicciones permanentes y la indefinición sí son nuestros enemigos.

El segundo objetivo es, pues, trabajar los escenarios locales como parte de un conjunto global. Hasta los pequeños comercios saben que su competidor no es la tienda de al lado, sino Amazon o cualquier otra plataforma.

El tercer punto debe centrarse en el concepto de colaborar y competir. Sectores como el calzado y el inmobiliario ya trabajan en esta dirección en la provincia. Facilitemos sus trayectorias para que crezcan siguiendo parámetros de sostenibilidad. El brexit ya nos aporta tensión, no busquemos más terremotos legales.

Y son estos ejemplos, los que nos llevan a un cuarto objetivo de comunicación más eficaz entre el empresariado y la sociedad. La nueva cultura empresarial se rige por muchos aspectos; pero, sobre todo, por la necesidad de dar mayor visibilidad a nuestros valores como empresarios.

Una sociedad más global es una sociedad más internacionalizada. Los localismos están ligados a aspectos como las tradiciones, el patrimonio y las señas de identidad. Son valores y sentimientos a preservar, que nos enriquecen como sociedad civil; pero el objetivo empresarial debe ser mucho más ambicioso.

Nosotros seguiremos creyendo en la concentración empresarial y trabajaremos, fundamentalmente, por un gran proyecto de cohesión en el que la representatividad empresarial encuentre y lidere el futuro de nuestra tierra y sus gentes.