Cómo hemos cambiado. Hace cuarenta años el principal centro cultural de Alicante era el Aula de Cultura de una Caja de Ahorros del Mediterráneo que cumplía con su función social de revertir a los ciudadanos parte de lo que recogía de ellos. En 2011 la CAM saltó por los aires y dejó un vacío notable pues hasta ahora nadie ha cubierto la ingente actividad que desarrolló tanto en la capital como a lo largo de la provincia.

En el Teatro Principal y en el Aula -ahora recuperada por la Fundación Caja Mediterráneo, pero aún lejos de lo que representó- pudimos asombrarnos con montajes teatrales inolvidables, algunos en catalán, de la mano de Els Joglars o Dagoll Dagom, no exentos de polémicas -a Albert Boadella le quemaron la furgoneta de su Olimpic Man-, de la presencia de Els Comediants y de la primera y rompedora Fura dels Baus. Y es que la actividad cultural giraba principalmente en torno al teatro y a una entidad que hizo que Alicante figurara entre las capitales más interesantes, la AITA, presidida por el recientemente fallecido José Antonio Peral, un abogado laboralista que luego daría paso a Luis de Castro y Edel Gambín, y todos ellos cultivaron y mimaron a un público que no cesaba de crecer.

Por el Aula pasaron escritores, filósofos, artistas, pensadores -no es exagerado decir que vino lo más granado del pensamiento europeo- y su platea reventó en más de una ocasión, como cuando llegó el sabio Enrique Tierno Galván y el público desbordó pasillos y vestíbulo. O aquella noche, ya en los 90, en la que el humo del hachís casi impedía ver a Lee Schartch Perry y el Aula retumbaba a cada golpe de bajo del combo de reggae. Hoy es imposible que esto se repita -para Lee Perry no había un sitio libre hace dos décadas, pero cuando volvió hace un par de años a Alicante no había más de cien personas-, primero porque cumplimos estrictamente con los aforos y las normas de seguridad y a nadie se le permite estar en un pasillo, y segundo porque la cultura se ha atomizado y ya no gira solo en torno a los grandes templos.

En estos cuarenta años la cultura en la provincia ha visto cómo desaparecían unos foros y llegaban otros, cómo algunos se encogían en función de quien los dirigía o, al contrario, se ensanchaban, caso del Teatro Principal de Alicante, cómo algunos públicos mermaban inexplicablemente y otros crecían. Hemos ganado en festivales, casi una veintena entre primavera y otoño en la provincia. Pongas el cartel que pongas los hay que tienen el éxito asegurado, caso del Low de Benidorm, el principal activo cultural de esta provincia, si asimilamos ocio musical a cultura. La música mueve masas y es uno de los principales activos de esta provincia.

Festivales aparte, por fin se ha consolidado un circuito de salas en las principales ciudades alicantinas, incluso en pequeñas localidades, que permite al diletante musical -nada que ver con el festivalero- estar al día de lo que se cuece en la escena española.

"El Aula reventó en más de una ocasión, como cuando llegó el sabio Enrique Tierno Galván y el público desbordó pasillos y vestíbulo"

Salas estables
Ocurre lo mismo con las artes escénicas: prácticamente todas las cabeceras de comarca presumen de tener un teatro con programación estable y muy digna. Y aunque los lamentos vengan a veces por el lado de los artistas plásticos -las salas de exposiciones se cuentan con los dedos de una mano-, respecto al predominio de la capital valenciana, la cultura goza de buena salud en la provincia.

La aparición de centros como Las Cigarreras en Alicante -y en menor medida La Llotja y L`Excorsador en Elche- y el Auditorio de la Diputación de Alicante han permitido el desarrollo de nuevas dinámicas que en ocasiones no salían del underground o la oportunidad de que la provincia ofrezca una programación de alta cultura, respectivamente.

INFORMACIÓN siempre ha estado ahí, apoyando a la creatividad y el talento local, denunciando las carencias y desigualdades, o celebrando las oportunidades. Su compromiso con la cultura es el de un periodismo que da voz a escritores, artistas, cineastas… así como a los que visibilizan la creatividad de los otros con sus iniciativas.

Comparar el Aula de Cultura de la CAM en los 80 y 90 con Las Cigarreras de la segunda década del siglo XXI no tiene sentido, pero si entonces el auditorio del Paseo de Gadea era el noray donde atracábamos expectantes, hoy el centro cultural de la calle San Carlos representa esa frescura perdida: una cultura de bajo coste, cuando no gratuita, que sin apenas apoyo público permite a la ciudadanía conocer y disfrutar de nuevos mundos, y están todos ahí.