Ver llover es cada vez un hecho más inusual. Escribo estas líneas en un día largo de aguaceros y pienso si dará suficiente para un riego o solo para medio. Al fin y al cabo, el agua siempre es noticia. ¿Ayudará algo a llenar los embalses? y ¿qué embalses mejor, los de la provincia, con apenas capacidad, o los de la cabecera del río Tajo? Desde enero a octubre se han registrado en la provincia algo más de 280 litros por metro cuadrado y llevamos camino de cerrar 2018 con los datos que corresponden a la España semidesértica, en la que reina el sol más de 330 días y el cielo se dibuja casi siempre de color azul intenso, la nuestra. Hemos entrado en el cuarto año desde que el Gobierno firmó el decreto de sequía del Segura. Vivimos en una provincia donde la lluvia no sabe caer porque, cuando lo hace, acaba en inundaciones y donde el paraguas llega a viejo porque uno nunca sabe dónde lo guardó de usarlo tan poco.

Hasta aquí no cuento nada nuevo porque lo único nuevo que ha pasado y ha sido importante, más bien diría que fundamental, ocurrió hace cuatro décadas, los que cumple también el editor de esta cabecera, cuando se puso en marcha el trasvase Tajo-Segura, motor que ha transformado gran parte de la agricultura de secano a la de regadío y que ha tenido una influencia capital para nuestro crecimiento (también para el desarrollo del turismo y de la construcción) porque, como bien sabe cualquier regante, sin agua no hay vida. Al agricultor llevamos viéndolo desde hace una década fuera de sus campos y sosteniendo pancartas para reivindicar que este medio de vida que le ha dado prosperidad, futuro y empleo, no desaparezca, y ese evidentemente no es su sitio aunque a la hora de la verdad es el único que enarbola una bandera que debería ser la de todos.

El acueducto entre ambas cuencas cambió el devenir de miles de familias con una obra de ingeniería tan única y compleja, y no sólo para lo que era entonces España sino para Europa. Algunas de las empresas que la hicieron posible son ahora multinacionales porque salieron de aquel proyecto que era faraónico (que se pretendía como solución del sureste desde la década de los años 20 del pasado siglo) reforzadas con un sello de calidad, solvencia, capacidad y reconocimiento por parte de Alemania que fue quien la financió. Y eso les pasó a todas ellas porque todo lo que toca el agua, lo transforma para bien.

Hace ahora cuarenta años se estaba acabando una estructura de bombas y tuberías para salvar valles y colinas a lo largo de 293 kilómetros que también ha transformado el paisaje, principalmente del sur de la provincia. Donde antaño había esparto, ahora hay brócoli, lechugas, tomates, patatas, alcachofas, pepinos, berenjenas… pero también ha dado de beber a las grandes ciudades al sumar los aportes del trasvase de forma regular y puntual a los de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, me refiero a suministrar agua a Alicante, Elche, Torrevieja, Orihuela o San Vicente del Raspeig por ejemplo. El Tajo-Segura que nos ha hecho prosperar y visto en perspectiva arroja cifras que el Sindicato Central de Regantes del Tajo Segura repite desde hace un lustro como si se tratara de un mantra: 2.364 millones de euros que aporta al Producto Interior Bruto de España, garantiza el abastecimiento para el consumo a tres millones de ciudadanos (y turistas) y ha creado cien mil puestos de trabajo directos y trescientos mil indirectos. Agua, en definitiva, que nos ha servido para ser la «huerta de Europa», junto a Murcia y a Almería, y que genera el seis por ciento de las exportaciones hortofrutícolas del país. Fruta y verdura que se cosecha en la provincia pero que se riega con el Tajo, que es lo mejor que nos ha pasado y de lo que estamos orgullosos.

"El trasvase, que precisamente es un concepto solidario y de unidad, no lo es de puertas afuera"

Y es curioso comprobar cómo el trasvase, que precisamente es un concepto solidario y de unidad, no lo es de puertas afuera. La cada vez más prolongada sequía, y no sólo en estas tierras, ha recrudecido una batalla, eminentemente política, entre sus partidarios, alineados en esta provincia huérfana de líderes que aglutinen el corazón de la reivindicación, y sus detractores, aquellos que ven cómo el agua abandona sus embalses sin retorno, cuestión de la que reniegan y cada vez de forma más contundente y a la que exigen ponerle fin. En definitiva, una grieta abierta y sin solución, como si se tratara de tierra ajada, y cada vez más difícil de cerrar pese a los esfuerzos de las distintas administraciones por firmar una paz social, algo que pensaron que obtendrían a través de una norma marco que sirviera de referencia a todos sobre cuándo se puede o no trasvasar agua sin herir sensibilidades y que se conoce como el memorándum. Un documento que es ley y que parece que ya naciera muerto.

Ahora vuelven los tambores de guerra. Políticos del mismo partido con discursos distintos según la comunidad, provincia o localidad en la que gobiernan o son oposición, tanto da. Presidentes de autonomía echando leña al fuego y otros tratando de apagar el incendio; y ministros que se visten de solidaridad al tiempo que dejan abierta la puerta a una nueva política hídrica que propugna todo lo contrario… Además, el Tajo-Segura no es el único ejemplo de lo que está pasando en materia de déficit de recursos hídricos.

 

Tenemos también todas las incógnitas abiertas sobre el futuro del Júcar-Vinalopó, otra deuda pendiente con la agricultura alicantina, y que no es capaz de poner de acuerdo a todos los interesados sobre dónde debe establecerse la toma de agua para traer agua a la provincia. Si desde el lugar que quieren los políticos o la que propugnan por su calidad los agricultores. ¿Quién sale beneficiado de ello?
En cuatro décadas el agua del trasvase ha ayudado y mucho a progresar a la provincia y no sólo a la agricultura. La importancia que ha tenido para el desarrollo de sectores tan estratégicos como la construcción y el turismo, al garantizar sus recursos hídricos, es incuestionable y eso unido a nuestro eterno sol ha generado una alquimia de la que ya no puede prescindir la Costa Blanca y que nos hace ser un pequeño paraíso. Ni que pensar en qué ocurriría si desaparece el agua del trasvase. ¿Vamos a vivir de desalar agua en Torrevieja, pagando un precio astronómico, cuando sobra en otras comunidades y acaba en el mar? ¿Es esa la alternativa más racional que nos dan los gestores de lo público?

Es responsabilidad última del Gobierno dar soluciones a los problemas del agua entre comunidades y a la vista está que esto ha sido imposible hasta ahora y no parece que los tiempos que vienen, donde el bipartidismo ha dado paso al multipartidismo, con muchas y distintas sensibilidades a las que contentar, vaya a ayudar a poner de acuerdo a los que tienen que tomar las decisiones sobre cuál es el futuro que garantiza el agua para Alicante cuando a la vista está que hasta ahora no se ha actuado con sentido de Estado y todas las soluciones aportadas han sido papel mojado, y nunca mejor dicho.

"También es una incógnita el futuro del Júcar-Vinalopó, otra deuda pendiente con la agricultura alicantina"